Por las noches puedo oír como hablan entre susurros, me odian por haber crecido, por tenerlos sólos, arriba, en la buhardilla, desnudos y sin poder moverse. A veces hablan de lo felices que eran cuando yo era niña, dándome cuenta de que cada uno me prefiere en una edad. Hay quien se queda con mis 8 años, a otros les gustaba con 4 y sólo a algunas, a las más guapas de todas, me prefieren con 11.
Les echo de menos y les sigo queriendo a todos, aunque sinceramente no por igual, simplemente es cuestión de las veces que hicieron de mis bebés, por las veces que les cuidé, les alimenté y les cambié los pañales, es por ello que sólo a unos pocos les guardo un cariño especial.
Ayer fui a visitarles y hablé con ellos, ya no me odian, en realidad nunca lo han hecho, sólo era rencor causado por la suma tristeza de haberles abandonado. Les dije que les quería, que me habían hecho muy feliz y que jamás iba a olvidarlo. Que esperasen, que tuvieran paciencia, y que quizá en un futuro volverían a tener lo que tuvieron conmigo. Aunque no quiero desprenderme de ninguno. Es egoísta pero si lo hiciera una parte de mi infancia se iría con ellos. Tendremos que esperar. De momento les he dicho que les visitaré de vez en cuando, que les lavaré sus ropitas y les vestiré, les limpiaré cuando se ensucien y que les cepillaré sus cabellos.
Esa noche sólo escuché risas, estaban conentos, sonreí, cerré los ojos y dormí plácidamente.
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